En Comestible, la comida no solo el objeto sobre el que trabajamos, sino también verbo. Es el propio lenguaje que usamos a veces para comunicar ideas.
¿Por qué? Porque la comida es un lenguaje compartido con la habilidad de saltarse muchos filtros y prejuicios y de llegar a lugares donde las palabras no siempre llegan.
Por eso, diseñamos experiencias para que firmas e instituciones de cualquier sector no se limiten a transmitir su mensaje, sino que inviten a su público a tocarlo, olerlo, probarlo o incluso comerlo. Incorporarlo físicamente.
Ahora, imagina todo lo que podrías contar, hacer pensar y sentir...
¿QUÉ ES UNA IDEA COMESTIBLE?
Vaya por delante: no somos un catering. Ni siquiera un catering creativo. Nosotras pensamos propuestas de las que, a veces, la gente puede irse con el estómago satisfecho (y otras veces no tanto). Lo que sí buscamos es que los asistentes se vayan con la cabeza llena de ideas, de recuerdos espontáneos, de sensaciones nuevas. Que en su cabeza bullan las asociaciones, los hallazgos, muchas preguntas y algunas respuestas.
Para ello usamos la comida: ese material familiar, moldeable y multisensorial que nos facilita contar las cosas de un modo distinto, más cercano y comprensible. No es un anuncio, no es una instalación artística, no es un festín. Y, al mismo tiempo, pueden ser las tres cosas. Son acciones participativas, son pequeños rituales, son objetos que se comen. Todo lo que nos ayude a que las ideas traspasen la vista, el oído y la piel.
Te pondremos algunos ejemplos.
LOS FRUTOS DE THOREAU

Henry David Thoreau fue un escritor y filósofo, autor del célebre Walden, donde defendía una vida sencilla en contacto directo con la naturaleza y la libertad individual. Razones suficientes para que el Museo de Ciencias Naturales y la fundación Equo se uniesen para celebrar su 200 aniversario.


Para la ocasión, tomamos un pasaje del libro para inspirarnos:
“… mientras se ocultaba el sol, hacía mi cena de grosellas y frambuesas en la colina de Fair Haven y amontonaba una reserva para varios días. Los frutos no entregan su verdadera fragancia ante quien los compra ni ante quien los recoge para el mercado… Es un vulgar error suponer que uno ha gustado unas grosellas que nunca recogió por sí mismo”.
Así que decidimos que sería más del agrado de nuestro homenajeado que el picoteo tras la ceremonia no viniera en bandejas, sino que cada uno lo recogiera de los árboles.
En el bosquecillo tras el Museo de Ciencias Naturales, colgamos de las ramas decenas de cajitas con una selección de productos naturales que los asistentes tuvieron que recolectar alzando sus brazos, prolongando las ideas de Thoreau a través de una experiencia física y sensorial.
Como fin de fiesta, cómo no, repartimos tartitas de manzana al más puro estilo old american school y cantamos cumpleaños feliz. ¡Viva Thoreau!


CHICLE DE BARRIO
La galería de arte Mambo Gallery, de Vigo, iba a participar por primera vez en Urvanity, la feria de arte urbano de Madrid. Con todo el vértigo que da poner un pie fuera de casa y entrar en territorio desconocido. Pero decidieron dar un paso al frente. Es más, decidieron dar un paso fuera de su propio stand y conquistar los pasillos del recinto ferial.
Para ello, no iban a repartir tarjetas de visita ni regalitos promocionales, no les pegaba nada. Lo que les iba más era algo lúdico, callejero y difícil de olvidar. Así que allí plantamos una máquina de chicles como las que toda la vida han adornado las tiendas y bares de nuestra infancia, que nos cautivaban con sus chicles XXL y que, de vez en cuando, podíamos incluso disfrutar cuando nos caía del cielo una moneda.


Trucamos la máquina para que no fuera necesario meter dinero y la llenamos de chicles con el logo de la galería dibujado en tinta comestible. Y luego, la colocamos a la salida del ascensor y a solo dos pasos de la galería: de este modo, Mambo se adelantaba al resto de galerías, y establecía rápidamente un vínculo con los visitantes, que se acercaban a comentar y saludar.
¡Nada como un bolón de chicle para hacerse con el barrio!

DEVORAR LA BELLEZA

Este proyecto (todavía en fase de preparación) es el desenlace de una particular pulsión: la sensación física de tener “ganas de comer” cuando uno se expone a algo extremadamente bello. Puede resultar extravagante y casi risible y, sin embargo, solo un poco de investigación nos puso ante un impulso más compartido de lo que esperábamos.
Así, descubrimos la cute aggression, estudiada por la psicóloga Oriana Aragón; las reacciones físicas ante la belleza descritas por Graziella Magherini en sus investigaciones sobre el síndrome de Stendhal; o las teorías psicoanalíticas de la incorporación, vinculadas a Freud. También encontramos una frase de Salvador Dalí, escrita en 1933, que parecía resumirlo todo: «La belleza será comestible o no será».
¿Por qué deseamos poseer, absorber o incluso destruir aquello que nos parece extraordinariamente bello? ¿Es la belleza un lujo o una necesidad humana?


Devorar la belleza traslada estas preguntas a una experiencia artística y gastronómica concebida, inicialmente, como presentación de Comestible. Una instalación de gran belleza formal invita primero a la contemplación y después a la transgresión: tocar, morder, devorar dejándose llevar únicamente por la belleza. A medida que los invitados consumen la obra, ésta desaparece y revela el lema del estudio: «Todo lo bello debería ser comestible».
Días después, un vídeo les devuelve la imagen de su propia participación en esta experiencia, donde se verán precisamente disfrutando, pero también destrozando aquello que tanto admiraban, abriendo así nuevas preguntas sobre nuestra relación con la belleza.
Porque quizá la belleza no es algo tan superficial como pensamos. Quizá esta pulsión sea el indicio de que es una necesidad inherentemente humana, sin la cual, simplemente, no seríamos.
Como ves, Todo, o casi todo, se puede contar a través de la comida. Y no todo tiene que ser una cena o un catering. La próxima vez que quieras contar tu idea, cuéntanosla a nosotras antes, y buscaremos el modo de que llegue a tu público a través de todos los sentidos.